miércoles, 4 de marzo de 2026

Objetivo: reproducirse (aunque de diferentes maneras)

             Entre los anfibios anuros presentes en la provincia de Granada hay una interesante muestra de diferentes estrategias reproductivas. El sapo corredor (Epidalea calamita) y el sapo partero bético (Alytes dickhilleni) representan dos maneras muy distintas de enfrentarse al proceso reproductor, y vale la pena detenerse un momento para compararlas.


Adulto de sapo corredor

Adulto de sapo partero bético


Comparando ambas especies, el sapo corredor pone huevos más pequeños y mucho más abundantes, tiene un desarrollo embrionario corto, larvas pequeñas al nacer, desarrollo larvario mucho más rápido y pequeño tamaño al terminar la metamorfosis. Estas características pueden explicarse en virtud de su particular ecología y etología reproductiva. 
Esta especie se reproduce en charcas temporales poco profundas que suelen secarse pronto, por lo que el desarrollo embrionario y larvario deben ser rápidos para terminar la metamorfosis antes de que el charco desaparezca. Los padres abandonan los huevos en cuanto los ponen y no hay ningún cuidado parental, es decir, invierten poca energía en la supervivencia de las crías, con lo que éstas tienen una alta tasa de mortalidad. Para compensar esta elevada mortalidad, el número de huevos que ponen es muy elevado (por ello deben ser pequeños), y la mayoría de los años muere la práctica totalidad de larvas; sólo algunos años sobrevive el número suficiente para compensar esas pérdidas.
Resumiendo: el sapo corredor pone muchísimos huevos y no los protege, por lo que éstos tienen una tasa de supervivencia baja.


Los sapos corredores ponen cordones con miles de huevos


Huevos de sapo corredor: pequeños y numerosos

Las larvas de sapo corredor son muy pequeñas


Sapo corredor recién metamorfoseado 


Por el contrario, el sapo partero bético utiliza una estrategia reproductiva distinta, casi opuesta. El macho protege sus huevos, lo cual sólo puede hacerse si la hembra pone pocos, y al ser pocos pueden ser más grandes. Los cuidados parentales consisten en que el macho los lleva adheridos a su espalda protegiéndolos y evitando su depredación, por lo que la supervivencia de los huevos es mucho mayor y el desarrollo embrionario, que ocurre mientras carga con ellos, también es más largo. La eclosión se produce al depositarlos en el agua, y el tamaño de la larva en ese momento es también mayor ya que el desarrollo embrionario ha sido más largo. Las larvas se desarrollan en aguas más duraderas, normalmente permanentes (originariamente arroyos, pero ahora también fuentes y albercas), por lo que el desarrollo larvario es largo, y también es mayor el tamaño que adquieren tras la metamorfosis.
Resumiendo: el sapo partero bético pone pocos huevos pero los protege, por lo que éstos tienen una tasa de supervivencia alta.


Macho de sapo partero bético cuidando sus huevos

Las larvas de sapo partero bético a veces alcanzan gran tamaño


Sapo partero bético a punto de completar la metamorfosis

 

 

Sapo corredor

Sapo partero bético

Tamaño del huevo

1,0-1,6 mm

3-4 mm

Nº de huevos por hembra

1500-5600

30-150

Desarrollo embrionario

5-12 días

25-40 días

Tamaño larvario tras eclosión

3,5-8 mm

11-15 mm

Tamaño larvario máximo

≈ 30 mm

80 mm

Desarrollo larvario

24-54 días

3 meses o más

Tamaño tras la metamorfosis

6,7-13 mm

10-23 mm


Ninguna de estas dos estrategias es mejor que la otra. Cada una responde a la ecología y al comportamiento particular de cada especie, ha sido diseñada tras un proceso selectivo a lo largo del tiempo y probablemente es la que ofrece mayores posibilidades de supervivencia.


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